Sábado, 18 de noviembre de 2017
Presentación
Curriculum
Críticas
Hemeroteca
Publicaciones
Galería de imágenes
Enlaces
Contacto
 
   
Travelling de acompañamiento
 
De posmoderno puede tildarse el distanciamiento paródico y mitoclasta, consecuencia de la necesidad de revisar los mitos, de ciertos temas y su forma de abordarlos, como el reencuentro sexual de Ulises y Penélope, al que más adelante volveremos. También el rescate de imágenes, formas estróficas, paráfrasis y juegos retóricos de autores clásicos, en ostentosa y deliberada intertextualidad que híbrida la “teoría de los estilos” específicamente recomendada por los clásicos, haciendo “fundidos” entre lo tradicional (lo antiguo y culto) y lo moderno (lo actual y popular), con la clara intención de acercarlos a sus lectores, cómplices en el proceso de construcción / deconstrucción del poema, de manera que, en palabras de la autora, el lector caiga en la trampa que le tiende el hecho de que “los silencios, las voces y sus ecos, que a veces corren el peligro de confundirse”1 deban ser descifrados por el propio lector. Posmodernista en su apego a una “literatura del yo” que entrelaza líricamente experiencias autobiográficas con formas dialogadas más propias de la poesía épica narrativa que del lirismo puro del himno, la oda o la canción, porque la tradicional oposición Arte / Vida ha desaparecido al dar por supuesto que todo es uno y lo mismo. Posmoderna igualmente la multifocalización de la voz poética, notoriamente femenina en casi todos los poemarios, enmascarada en una impersonalidad ambigua que puede verse abortada por la irrupción de un “tu” motivo de reproche y queja a la manera tradicional, de objeto anhelado, como envés de la tradición de la lírica cortesana.
   
 
María José Porro: Del prólogo “Clandestinidad,
lectura y escritura en María Rosal”.
 
 
 
 

 

1Vicios comunes.
 
   
   
   
Volver a Publicaciones
 

 

 
© 2007 María Rosal