Miércoles, 20 de septiembre de 2017
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Vibra el color
 
 
La literatura y el arte, la liturgia o las representaciones heráldicas se han servido frecuentemente del color para significar simbólicamente, de manera que son múltiples las interpretaciones que nos llegan desde los más diversos campos, desde la psicología al esoterismo. El color absolutamente imbricado con la vida y con la naturaleza nos invade y arrastra en un torbellino de sensaciones y estremecimientos. En la obra de Elena Martín Vivaldi la encarnación del color y por extensión de los colores, cobra un importante valor poético y simbólico.
 
 
   
En la paleta cromática de Elena encontramos infinidad de matices, celebración del color y de su aroma (“mi voz que se rompía en alba de colores”); colores puros que apelan a la conciencia del lector: rojos, amarillos, azules que ofrecen aromas encendidos, la amenaza del gris, complicidad del malva, la palidez del rosa y el fulgor terroso de los ocres. Valores cromáticos que se presentan muy frecuentemente de la mano de la sinestesia en bellísimas imágenes de alto valor poético: así encontramos: “silencio negro”, “blanco ritmo”, “aromas grises”, “tactos amarillos”, “grito rojo de aurora”, “azules melodías de trasnoche”, “verde sollozo de tristeza”. Por el contrario, la ausencia del color no es el blanco o el negro, es el vacío de la luz, la desazón, el transcurrir opaco de tonos negativos: “ausencia de color, crisis de primavera”; “la hora sin color de mi tristeza”.
   
   
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© 2007 María Rosal