Sábado, 18 de noviembre de 2017
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TRECE Y MARTES
   
El martes, segundo día de la semana civil, era entre los hindúes un día aciago. En nuestra cultura, si al martes se le suma el broche maligno del trece, ni les cuento. El martes es un día infausto si te empeñas en hacer otra cosa distinta para la que está programado: trabajar. Por eso el martes ni te cases ni te embarques. Tampoco es que te debas de casar los otros días ni mucho menos embarcarte.
 
Pero ya a diario, sin la distinción supersticiosa y ocasional, el martes es un señor de gris con el traje arrugado por la travesía del lunes. Para los que fichamos, el martes es una estación nevada y solitaria en la que han robado los carteles de salida. Porque no todo el martes es orégano. Llega una al martes con el escepticismo del suma y sigue, con la herida de quien vuelve a tropezar en la misma piedra. El martes tiene por vecinos el lunes del nudo en la garganta y el miércoles alpinista oteando al otro lado del infinito la laguna del sábado. El martes, que tuvo un origen egregio y guerrero, se ha quedado en batalla de poca monta y le ha prestado a los días laborables el rifirrafe de las armas villanas y diarias. Según avanza la semana, la cosa se va animando. Así llega el jueves que es el día de Júpiter, dios de dioses, al que el ejercicio proletario ha vestido de paisano. El viernes es el día de Venus, diosa venérea venida a menos por el agotamiento dignificador del trabajo. El sábado encierra -por fin- la obligación de honrar el dios de la inactividad que es un dios sin afeitar y en zapatillas, libérrimo haragán de paso breve. Y el domingo, ay el domingo casi no se disfruta pues a eso de las tres de la tarde saca del bolsillo la soga de la semana y te la anuda al cuello zangolotino donde se van marcando siete ranuras en las que sembrar la búsqueda del pan nuestro de cada día. Si te descuidas, la tarde del domingo le ves les pelos al diablo del lunes, incluso del martes y el olor a azufre se mete en el café y en las rendijas de los huesos. Por eso una, que no es supersticiosa, bastante tiene ya con que sea martes. Ni siquiera le hace falta lo del trece.
 
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© 2007 María Rosal