Sábado, 18 de noviembre de 2017
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SÍSIFO
   
Porque a ya nadie se le oculta que las mujeres escriben y que hay mujeres –y muchas- que escriben en Córdoba, traigo a estas páginas esa Estirpe en femenino, que acaba de publicar la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba,  un compendio de la palabra de  veintiocho creadoras cordobesas bajo la coordinación de la poeta y locutora  Pilar Sanaría, con un estudio preliminar de la Catedrática de Literatura  en la Universidad americana de Rochester, Tina Pereda:
   
Porque hora es ya de que las mujeres dejemos constancia por escrito de lo escrito, y que no sigamos como si de Sísifas posmodernas se tratara, empujando una y otra vez la piedra, el engranaje que mueve la rueda de la publicación, del turno, de la espera del favor o de la gracia para de dar a conocer nuestras obras, condenadas a partir siempre de cero. Hora es ya de reivindicar toda nuestra tradición de literatura en femenino, esas madres y abuelas del estilo que cada día más y merced al trabajo de cada vez más personas están saliendo a la luz. Destaca en este sentido el Colectivo Abierto de Poetas Cordobesas, empeñadas en la tarea de dar a conocer las obras de escritoras que por diversas circunstancias se han visto olvidadas u oscurecidas en nuestra más reciente historia literaria. Ahí  habría que situar Estirpe en Femenino, en el presente: en el espacio de la memoria que le confiere mostrar las variadas y ricas voces de nuestra tradición cordobesa para que las mujeres y los hombres tengan el referente de lo que escriben mujeres a comienzo de este milenio que recién estrenamos, de mujeres que van desde los 90 años de Concha Lagos a los veintitantos de Lola Moreno, de mujeres con poéticas plurales y diversas, con visiones del mundo y de la palabra poética ricas y enriquecedoras.
   
Que la escritura y la publicación de las mujeres no sea una empinada cuesta llena de dificultades y obstáculos, sino que se cimente sobre la tradición, sumando nuestras voces a las de los varones, ese sería el objetivo del libro –según la antóloga-, el de servir de documento testimonial para futuras generaciones. Después el tiempo, justiciero o caprichoso, dirá qué nombres o qué versos habrán de perdurar dentro de la gloria de lo efímero, pero eso sí, teniendo la oportunidad de salir de las catacumbas de lo privado y lo doméstico y de buscar lectores que es en definitiva la primera obligación del escritor. Y de la escritora.
   
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© 2007 María Rosal