Sábado, 18 de noviembre de 2017
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 RESACA DE PASIÓN
   
No se sabe. Quizás sorbiósele el seso por la sobredosis procesional de todas las primaveras. En directo, televisada, radiada, en portada, y a doble página en la prensa. No es seguro. Las neuronas poseen un alto índice analógico y a veces se suman con entusiasmo a los delirios más peregrinos. La cosa fue que de repente encontróse en una esquina cualquiera, como la mayoría de sus vecinos en estas fechas, pero con el pensamiento laborando en la farándula equinoccial de la imaginación. Vaya usted a saber, por otra parte, en qué ocupan su mente tantos ciudadanos bajo el capirote o con el hombro amoratado por las andas celestiales.
 
En esas estaba cuando sin saber cómo ni por qué se le antojaron un sinúmero de desfiles paganos no menos sacralizados por la tradición libertina de la primavera. Así presentósele  la muy digna Archicofradía de los impenitentes usuarios de Internet portando pendones de Santa Tecla y escapularios de San Pancracio, diestro patrón de índice enhiesto. La siguiente agrupación parecióle conocida, aunque no menos curiosa, pues en ella desfilaban unos individuos, flagelo en ristre, que se golpeaban la espalda con discreción y atizaban a los congéneres más cercanos. Supo que era la tristísima Cofradía de los Escritores Fracasados y del Mayor Esfuerzo en pleno proceso de autofelación espiritual. No faltaron a la cita primaveral con el incienso las cofradías gastronómicas, rotondas y macizas, abundantes y prolijas en ornamentación: los jabugos competían con el bacalao y el queso manchego lucía en estandartes realistas que daba gusto verlos. Le seguía el Gran Capítulo de la muy noble cofradía de la morcilla de Burgos que circulaba bajo palio del brazo de la no menos famosa del arroz y la naranja de Castellón, flanqueadas por orondos penitentes. Como cerrara los ojos para alejar tan altos disparates no pudo evitar ver cómo al fondo de la calle cerraban la procesión esbeltas columnas de damas cuidadosamente mechadas, camareras de Santa Pitita Mártir en penitencia por las largas horas de abundancia y aburrimiento. En fin, los excesos, que se pagan.
 
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© 2007 María Rosal