Sábado, 18 de noviembre de 2017
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REGALOS
   
No se compra ni se vende... A todos nos resulta fácil completar la copla. Pero ésta, como otras muchas letras ha caído en desuso. Cómo nos van a decir que no se compra si cualquiera de nosotros tiene en la cartera por lo menos tres tarjetas plastiduras de esas que molan mogollón cuando pasan por la ranura de cualquier cajero automático. Las hay también que aplazan el pago hasta el próximo mes y así han conseguido el milagro de convertir todos los meses en la cuesta de enero, que vivamos con treinta días de adelanto en las pulsaciones de la cartera. A esta taquicardia es difícil poner coto y menos en las fechas en las que nos encontramos. Los Reyes Magos, Santa Claus y Papá Noel, esos temporeros asalariados del capitalismo, vuelven cada año a plantar el huevo feroz del consumo en la grieta tierna de la insatisfacción. Luego lo empollamos durante doce meses y lo vamos alimentando al calor de las ofertas de temporada y las rebajas alternativamente. Así hasta que se hace mayor, como el pavo, y le cortamos el cuello del despilfarro.
   
Pero hay cosas que no se compran ni se venden, Hay cosas de las que no existen ofertas de lanzamiento, ni estudios de mercado, ni pago en cómodos plazos. O se tienen o no se tienen. Y no hay escaparate capaz de disfrazarlas. Yo este año quiero regalos de esos de los que no se venden, de los que no tienen celofán, ni moña, ni espero que te guste, o feliz año, ni demás zarandajas. Yo quiero regalos de verdad de esos que sabes que te están dando algo sin factura, por que sí.
 

 

Aunque faltan días para las fechas oficiales de regalar yo ya he recibido un regalo, que vale todavía más por estar fuera de fecha y por venir de quien viene, pues una no está acostumbrada a que cuando el jefe te dice tenemos que hablar, sea para felicitarte, ni mucho menos para obsequiarte. He recibido un regalo de esos que te sorprenden y sólo puedes decir con palabras temblorosas muchas gracias. Porque es lo único que supe decir cuando, emocionado, me entregó algo muy especial: era un libro que Ricardo Molina le había dedicado a él, su amigo, cuando yo apenas tenía cinco años. Y me dijo: creo que a Ricardo le agradaría que tú lo tengas. Gracias
   
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© 2007 María Rosal