Sábado, 18 de noviembre de 2017
Presentación
Curriculum
Críticas
Hemeroteca
Publicaciones
Galería de imágenes
Enlaces
Contacto
 
   
REBELIÓN EN LAS AULAS  
   
Ya está ocurriendo en Gran Bretaña: nadie quiere ser maestro. Aquí los inmigrantes recogen coles, allí se ocupan de la enseñanza los inmigrantes de las colonias que no han alcanzado un trabajo mejor. En esta Europa del bienestar, el malestar crece. Y las aulas lo reflejan. Porque el aula es el útero de un cuerpo que lleva marcapasos y corsé y varias prótesis desmadejadas. La tensión está alta y la placenta se hace insuficiente para alimentar a los cachorros que en el exilio de la autoridad familiar se vuelven cada vez más insolentes y lo que es peor más ignorantes. Se puede ser insolente desde la inteligencia. Un insolente desde la ignorancia es un tipo ridículo, manipulable, un pelele.
 
Resulta curioso tratar con adolescentes que se insubordinan a la vez que te piden mano dura. Ha causado tanto desprestigio el autoritarismo que se ha confundido con la autoridad que es una cosa que emana de la coherencia del ser humano. Y ahora estamos sufriendo las consecuencias de una pedagogía permisiva, de la cultura del pelotazo donde no se valora el esfuerzo y el trabajo. Echo de menos la rebeldía en las aulas, el razonamiento, la discusión, el no aceptar las injusticias ni para sí ni para otros. Me sobran tantos eructos gratuitos, tanto puntapié a las papeleras, tanto conformarse con tan poco. Me aburre la mediocridad de quien no es capaz de mover el esqueleto por algo que esté más allá de sus narices, de quien no aspira a más, de quien no lucha por sí y por otros. ¿Con qué nos adormecen las televisiones? ¿A quien apaleamos en el videojuego? Vivimos en una sociedad hipócrita, donde los mismos padres y profesores que cerramos las puertas del recreo para que nuestro adolescentes no salgan a tomarse el bocata al bar de la esquina, aguardamos dormidos a que vuelvan a casa la madrugada del sábado después de que el angelito se haya metido en el cuerpo no se sabe qué. La autoridad que no hemos sabido administrar como padres la exigimos a los profesores cada vez más atados de pies y manos en una lucha de titanes por transmitir educación sin abandonar la información, con un desprestigio creciente en una sociedad en la que los propios alumnos se te ríen en las barbas y te insinúan con cara angelical cuánto tardarían algunos de sus colegas en ganar lo mismo que tú en un lustro...
 


Volver al listado de artículos
 

 

 
© 2007 María Rosal