Sábado, 18 de noviembre de 2017
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PROPIEDAD PRIVADA
   
Circula por ahí la noticia de una sentencia según la cual asestar una palmada en el trasero de una mujer, empleada subalterna o compañera, no constituye delito, siempre que se trate de una palmada aislada y repentina. Ya estamos otra vez. A ver si vamos a tener que pensar como aquella diputada italiana que afirmó que un golpe seco en la entrepierna de un caballero no constituye delito siempre que sea de una manera aislada y repentina.
 
Lo curioso de la historia es la capacidad que tiene para repetirse y ya se sabe que la falta de memoria histórica lleva con demasiada frecuencia a tropezar más veces con la misma piedra. Cuándo dejaremos hombres y mujeres de maltocarnos y apalearnos de palabra o de obra. La cosa podría ser mucho más aséptica. Recuerdo el consejo de una madre a su hijo de seis años. No beses a las niñas si ellas no quieren. ¿Entonces les pego? Preguntaba la criatura con la más dulce ingenuidad. Y así seguimos: me gusta, luego la toco. La amo, luego la mato.
 
Y es una lógica ancestral la que mueve el raciocinio del australopithecus macho en su caverna de tacto obligatorio. Y eso que las mujeres lo hemos dicho claro y hemos defendido nuestro derecho a la minifalda y a la transparencia. Pero en ese totum revolotum llega el macho en el ejercicio de sus funciones y ¡zas¡ palmetazo en el trasero de la prójima que para eso lo tiene prieto y apetitoso. Y luego están los jueces que no entienden de propiedad privada, porque veamos, ¿es que puede haber algo más privado y más propio que el culo de cada cual? Pero ocurre además que el palmeteo en la nalga sucede más en aquellos empleos donde se da una relación de jerarquía entre el tocante y la tocada. Otra vez el sexo como arma de poder en los pasillos del currele. De modo que poner una mano en los cuartos traseros de la empleada sería una muestra más, urbana y moderna, del derecho de pernada medieval y del tosco y señoritil levantar la enagua de la criada. O la versión civil del repugnante asalto y violación a tantas mujeres en zona de guerra. Verdaderamente los tiempos no adelantan que es una barbaridad.
 
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© 2007 María Rosal