Sábado, 18 de noviembre de 2017
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PERMISO PARA MORIR
   
Ha sido noticia. Titulares han dado cuenta de la amplia mayoría -104 votos a favor y 40 en contra- con la que el Parlamento holandés acaba de adoptar una ley que legaliza la eutanasia. Holanda se convertirá así en el primer país del mundo en legitimar esta práctica. Que Holanda no está lejos lo sabemos, como también sabemos que no es el principal país del que recibimos nuestras influencias sociales y culturales. Por eso ignoramos cuánto tardará en llegar esta medida a España. Y una, que se alegra de estas noticias y que siempre ha defendido el derecho a la vida y a la muerte, se para a considerar si no habría que presionar más socialmente. Argumentar, afirmar y sostener la absoluta libertad de cada cual  para decidir si quiere exhibir su postrer sufrimiento en el altar de algún Cristo barroco o si desea archivarlo en el cajón de la dignidad humana.Pero hay quien no piensa así. Porque hay gente para todo, oiga. Hay quien afirma que no se trataría ya de la legitimación o no del derecho a la propia vida, sino del peligro de un país a quedarse sin ciudadanos merced a escrúpulos individuales de desear no ya una buena vida, sino lo que es más sofisticado, una buena muerte. Puro egoísmo.
   
Piensen si no. Dicen que lo preferible sería que no cunda el ejemplo holandés. Que no se trata de razones éticas o morales para apoyar o contradecir la legalización de la eutanasia. Sino de razones prácticas, que son las que mueven el mundo, oiga. Con el tiempo que ha  supuesto llegar  a los cuarenta millones de españoles y españolas y el trabajo que nos va a costar a algunas cobrar la jubilación, cómo quedarnos ahora sin ciudadanos, así, por las buenas. Entre los muertos por ETA, los fallecidos por legionela, los finiquitados por las vacas locas, el SIDA, las carreteras, con más puntos negros que una falda de lunares, las eliminadas por los malos tratos..., las estadísticas cantan. Eso sin contar la reducción en la natalidad que podría suponer si prosperara –aterradora y perversa- la propuesta de los empresarios para que las mujeres paguen su baja maternal ahorrando y a plazos. Cómo vamos a consentir también a los muertos voluntarios. ¡Qué falta de responsabilidad! Aquí se muere cada uno cuando le toque, es decir, cuando decidan los demás, la incompetencia, la inseguridad ciudadana, el virus enmascarado, el marido o el chuletón de Avila. Cómico, si no fuera tan dramático.
   
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© 2007 María Rosal