Sábado, 18 de noviembre de 2017
Presentación
Curriculum
Críticas
Hemeroteca
Publicaciones
Galería de imágenes
Enlaces
Contacto
 
   
MENSAJES
   
Me cuenta mi sobrina Alicia que sale con un nuevo chico y me pide a mí que soy aficionada a eso de la Literatura que le pase algunos versos que no sean muy conocidos para encandilarlo. Quiere que se los busque en algún autor moderadamente famoso o que me los invente yo misma, tanto da. Que sea su negra consanguínea y complaciente. Pero eso sí que en ellos aparezca el amor o el deseo y sobre todo, y en eso se ha mostrado inflexible que no sobrepasen los ciento veinte caracteres.
 
Como no pude ni quise disimular mi estupor, Alicia me aclaró que si escribe más de ciento veinte caracteres no se los acepta la máquina, vamos, que de lo que se trata es de escribir un mensaje de amor y no una carta dando prolijas explicaciones sobre cursiladas que harían sonrojar al más ingenuo. Que ya no se escribe, se teclea, que ya no se está en la nubes, se navega, que las palabras son píldoras concentradas en raudos envases plastificados que lanzamos a las ondas para torpedear con la cabezonería de las abejas el blanco luminoso de un corazón en la distancia. Que no te enteras, me dice. Y se queda tan fresca, esperando con el móvil abierto que salgan de mi boca las palabras que espera grabar tecla a tecla en la pequeña pantalla luminosa del amor.
 
Son ciento veinte caracteres como máximo para recordar que estamos vivos, ciento veinte pulsaciones para pedir que nos esperen. Un telegrama alucinado, un susurro en la oreja cibernética del amigo, del desconocido. Un beso húmedo y luminoso al borde de la edad. La poesía microfilmada, los latidos envasados. Las palabras de siempre con distinto formato. Mensaje recibido. Alegría comprimida. Mensajes rápidos como la comida rápida, como el sexo raudo, como el amor fugaz. Minicartas, mínimas palabras de usar y tirar. Consumibles. El sistema no puede almacenar más de quince mensajes. Palabras en presente, como la existencia. Homenaje a lo efímero, monumento a la fugacidad, a lo transitorio, a lo fugitivo, a lo que no se deja agarrar. Homenaje a la vida estos mensajes de amor que nos estallan como cohetes de verbena entre las manos.
 

 

Volver al listado de artículos
 

 

 
© 2007 María Rosal