Sábado, 18 de noviembre de 2017
Presentación
Curriculum
Críticas
Hemeroteca
Publicaciones
Galería de imágenes
Enlaces
Contacto
 
   
LIBROS, POR FAVOR
   
Leer es una actividad curiosa. Que se sepa nadie en el reino animal ha leído nunca, salvo el grupo de primates aventajados al que pertenece el homo sapiens. Al parecer tampoco lee nadie en esa metáfora posmoderna de ratas de laboratorio que nos ofrece el ojo sempiterno de Gran Hermano. En la casa están prohibidos los libros, instrumentos de perversión del pensamiento que podrían alterar gravemente la planicie encefalográfica de sus moradores. Por lo demás, parece que el común de los mortales lee o al menos está capacitado para leer por más que ocupe sus neuronas en otras actividades como son hacer zapping por las galaxias intercontinentales del famoseo y el culebrón.
 
Todo es prescindible y provisional. Pero existe algo que se llama calidad de vida. Mínimos irrenunciables. No se me ocurre que la existencia pase el control de calidad sin la presencia de libros. Para Borges leer no es una experiencia menor a la de estar enamorado o viajar. De modo que abrir un libro sería como estrenar novio. Claro que si el libro no gusta, como el novio, siempre queda el recurso del olvido o de salir corriendo cuanto antes. Vida no hay más que una. Los buenos libros hay que saber encontrarlos y conservarlos, como a los buenos amigos. Mantener con ellos una relación de antiguos conocidos con los que nos  tropezamos con cierta frecuencia, a los que se recibe en casa y a los que se invita a café. Y de los que esperamos a cambio que nos abran las puertas apacibles de su amistad y de su compañía. La gente puede morir de vieja sin haber escrito un libro y no pasaría nada. Pero no es lo mismo con la lectura. Leer es una forma de vivir más veces. Porque uno lee para hacerse preguntas, como decía Kafka: “sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un mazazo en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo?”
 
¿Será la casa de Gran hermano una metáfora del futuro: un mundo sin libros y sin cerebro? ¿Habrá que hacer libros en papel couché para que la gente lea? Probemos a apagar el televisor. Probemos a sentar a nuestro hijo sobre nuestras rodillas. Probemos a leerle y a leernos.
 
Volver al listado de artículos
 

 

 
© 2007 María Rosal