Sábado, 18 de noviembre de 2017
Presentación
Curriculum
Críticas
Hemeroteca
Publicaciones
Galería de imágenes
Enlaces
Contacto
 
   
LA INSPIRACIÓN
   
Mucho se ha escrito sobre la inspiración, esa fórmula secreta capaz de destilar la sustancia divina de la creación. A todos los creadores se le ha preguntado alguna vez por lo divino y lo humano de la palabreja. Ya García Lorca reconocía ser poeta por la gracia de Dios y por saber exactamente en qué consistía hacer un poema, con lo cual si bien no escamoteaba  protagonismo al soplo de las musas tampoco se lo negaba a la técnica y al trabajo. Son muchos los autores que han negado la inspiración y que han dicho eso de que si llega me encuentre trabajando, como Baudelaire para quien la inspiración era hermana del trabajo diario.
 
La alquimia de la creación se viste de musa con los pechos al aire que asienta sus nobles posaderas en el rudo banco del esfuerzo y del oficio. “Con la pasión que da el conocimiento”, que decía Jaime Gil de Biedma. La sustancia del numen se transustancia en un destilado fino y envidiado cuando lo sabemos de otro y en una melopea feliz cuando es propia. García Márquez no concibe la inspiración como un estado de gracia ni como un soplo divino, sino que entiende que llega después de una dura batalla “como una reconciliación con el tema a fuerza de tenacidad y dominio”. 
 
Tengo que decir que comparto con estos autores su concepto de creación y de los motivos que nos llevan a ella. No conozco más inspiración que la del trabajo, aunque he de reconocer cierto cosquilleo, cierto regusto a un no sé qué cuando llegan las ideas, cuando se hacen corpóreas y podemos tocarlas como se toca el muslo o la espalda de alguien a quien deseamos. Aún así la sustancia más profunda de la inspiración se me desveló clara y diáfana un día de la década de los noventa y desde entonces para mí constituye la definición concreta y palpable de todo el potencial abstracto que el término apareja. No sé si mi condición de mujer pudo influir, si el peso de la educación o los hábitos sociales. No sé si mis colegas masculinos en la escritura compartirán la idea, pero ya para mí inspiración es aquello que pierdes cuando estás escribiendo y te preguntan ¿hoy qué comemos?
 

 

Volver al listado de artículos
 

 

 
© 2007 María Rosal