Sábado, 18 de noviembre de 2017
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HASTA TU CELDA
   
Acaba de aparecer, publicada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la obra Hasta tu celda. Cien autores hacia Bécquer,  que recoge un centenar de textos en torno a la figura y obra del poeta sevillano. El libro muestra el texto y el manuscrito que circulará en exposición simultánea por todas las provincias andaluzas. Importante colección de autógrafos que acoge la Biblioteca Municipal Córdoba.
   
Rafael Montesinos, uno de los máximos investigadores y biógrafos de la obra del poeta sevillano ya  auguró que Bécquer entraría en el nuevo milenio con la misma fuerza de los años anteriores. Y no parece andar muy descaminado, pues tanto el personaje humano y literario como la propia obra del poeta suscitan el interés y la creatividad de no pocos escritores. En palabras de Pablo García Baena, “El lenguaje de Bécquer, con su precisa claridad cotidiana, tan alejado del engolamiento lúgubre de los últimos románticos, es lo que le hace ser un poeta de nuestros días.”
 
Son cien los autores que hablan del y al poeta, algunos de manera tan real y significativa que parecen pasear junto a él o enviarle una misiva a Veruela, donde Paca Aguirre le comunica que algunos muertos jamás se quedan solos. Concha García glosa el narcisismo profundo de algunos de sus versos “como yo te he querido… desengáñate:/así no te querrán”.  Las golondrinas oscuras de la honra del poeta en la voz de Mª Victoria Atencia. O la guitarra que toca el infortunio en la venta de los gatos, recreada por Pablo García Baena. José Luis García Martín le habla desde su celda. Encontramos la idealización romántica de la sombra en Antonio Garrido y a los ángeles de Liébana amparando al Bécquer “ecológico y minimalista”. Ángel García López hace una nueva lectura de la Rima  LXXV. Clara Janés canta con partituras blanquinegras las golondrinas oscuras e irretornables. Andrea Luca le dedica una carta al olvido desde la cárcel de su cuerpo. Leopoldo de Luis vive una primavera con Bécquer al fondo, siempre en espera de lo que nunca vuelve, mientras que Eduardo Mendicutti guiña un ojo desde la atalaya de su relato de aparecidos, al más puro estilo de Maese Pérez, el organista. José María Merino, en fin,  habla del “himno gigante y extraño” de la infancia y al igual que los demás de las “palabras perdurables del poeta”.


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© 2007 María Rosal