Sábado, 18 de noviembre de 2017
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BASURA
   
Que estamos rodados por la basura, esa excrecencia de la vida, ya lo sabíamos. Lo que no podíamos suponer es que fuera tanta. Para empezar nos enteramos de que sólo tenemos un diez por ciento de genes en sus cabales y que el resto es puro desecho, dunas repetitivas y hueras en el mapa de la soledad humana. Comida basura, televisión basura, genoma basura...Si algo parece que va a definir el siglo XXI al menos en sus comienzos es el predominio del desecho y de lo cutre. Basura en las ondas, roña en Internet, detritus en órbita, telebasura. Parece que el espacio exterior está lleno de escombros intergalácticos e interestelares y que hay que navegar con precaución y sacar al perro a hacer sus cosas mirando al cielo con desconfianza no vaya a ser que los residuos siderales se pongan flamencos sobre la cabeza de algún ciudadano. Además, las noticias de actualidad, con tanta frecuencia notarios de la estupidez humana, dan la razón a nuestras más desalentadoras sospechas. Por ejemplo no cabe duda de que cuando Bush bombardea Bagdad, lo hace con el genoma basura heredado de su padre, el otro Bush. Y todo con la mayor naturalidad, en misión de “rutina” y, además, las víctimas eran anónimas porque probablemente nadie les pidió el carnet de identidad para que se identificaran en semejante trance. Pero ni siquiera ahora que con el descubrimiento del genoma humano nos hemos enterado de que la diferencia entre las razas es absolutamente minúscula y despreciable recapacitamos sobre nuestras creencias racistas y xenófobas. A la parte basura del genoma cabe pues achacar las palabras de la señora de Pujol en el ejercicio de sus funciones de “señora de”. Puro estiércol mental el genoma del padre del que tuvo la idea de alimentar a las vacas con harinas cárnicas.
 
No sé si en las letrinas del genoma se cuece el sinsentido de la realidad o si rebosan las bacinillas de la imaginación de ciertos escritores empeñados en despellejar la obra ajena en vez de aplicarse a la propia. Sin  duda son las aguas mayores del genoma las causantes de tanta estulticia. Por eso bien harían los científicos en asearlo, lavarle la cara y entregarlo limpio de polvo y paja para su presentación en sociedad. Desde luego falta le hace.
 

 

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© 2007 María Rosal