Sábado, 18 de noviembre de 2017
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AQUÍ Y ALLÍ
   
Existe el norte. Parece que el sur también existe. Ciudadanos de segunda sin los mínimos derechos que se derrochan en otras partes del planeta. A saber, existe lo que, adverbializando la realidad, se podría denominar: aquí y allí. Por ejemplo aquí, la estadística dice que los españoles consumimos al año más de mil millones de unos elementos multicolores y polifuncionales llamados píldoras. Para adelgazar, para tener más potencia sexual, para la timidez, para que no se caiga el pelo, incluso para que nos resbalen los gruesos goterones con los que se nos empaña a veces el cristal de la vida.
 
Así, si nos miramos al espejo y nos sobran tres michelines en la zona franca del estacionamiento seboso, pues nada, Xenical o Reductil que inhiben la recaptación de todo lo recaptable y nos permiten mantener el perfil de quinceañeras. Que además pasamos una mala racha en el trabajo, nos armamos de tranquimacines y orfidales, valerosos aliados de la paciencia, y salimos a la calle con la espada enfundada en la placidez y en la indiferencia. Que aparece Cupido de la mano de un desconocido y no nos da tiempo a pedirle la cartilla de sanidad, también hay píldoras en forma de cócteles milagrosos que pueden arreglar el desaguisado. Química de la felicidad. Pequeños testigos luminosos de la modernidad, prurito de la sociedad de consumo y bienestar.
 
Las píldoras de occidente curan los males de occidente, inventados o reales. Natural. El colmo de la ironía: despachar píldoras de adelgazamiento en las zonas de hambruna de África. Allí una aspirina es un tesoro. Allí se contabiliza la mayor densidad mundial de seropositivos. Allí las multinacionales farmacéuticas, que son así como señoras bien de toda la vida, no permiten los genéricos baratos, pues el sida, como todo, debe seguir matando a los más pobres. El mundo occidental vierte en el puchero del hartazgo analgésicos y  ansiolíticos, tranquilizantes, píldoras para dormir y para despertar, precoitales y poscoitales. Aquí, según la moda metafísica de la abundancia, en los zoos - Reino Unido- se les administra Prozac a los leones y a los tigres estresados por el tufillo carcelario de la jaula. En fin. Aquí y allí.
 



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© 2007 María Rosal