Sábado, 18 de noviembre de 2017
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A MANO
   
Saber que en ese país al otro lado del océano han contado los votos uno a uno, como rosquillas tal y como salen del horno de las urnas, debe hacernos reflexionar sobre las inmediatas o remotas consecuencias que ello pudiera tener para nuestros conciudadanos, con tanta frecuencia reflejados en el espejo oval made in USA. Que en el país de Bil Gates y de Microsof  se cuenten los votos a mano significa valorar nuestros ancestros, no olvidar que la electricidad o la televisión no han existido desde el comienzo de los tiempos y que la inteligencia artificial, por muy inteligente que sea tiene siempre detrás la mano del hombre o de la mujer. La mano.
   
A mano se han hecho  grandes cosas en la vida. Hubo un tiempo en el que los libros se hacían a mano. A mano se mimaban y se miniaban, a mano se escribían. Hay todavía escritores que presumen de escribir a mano. A mano se hacían los dulces de la abuela y los calcetines A mano se cosía el dobladillo de la falda o se ribeteaba el pantalón del bebé. A mano se lavaba y a mano se restauraba, ya fueran cuadros o hímenes, arte y honra que en muchos caso venía a ser lo mismo. Ahora que ya no escribimos a mano, ahora que el ordenador se ha hecho algo imprescindible. Ahora que parece que no quedan ya poetas que escriban en el reverso de los papeles de fumar, porque también los poetas han dejado de fumar y algunos hasta de escribir. Ahora nos llega del país todopoderoso del otro lado del Atlántico una nueva moda: A mano. Hay que contar a mano, recontar a mano. Volver a palpar,  a latir a través de las manos. La letra ya no entra con sangre, entra a mano. Volver a tocar, a acariciar el papel, su textura, sus rugosidades, sus entresijos microscópicos. Siempre a mano. Dar la mano, pedir la mano, regalar la mano, manos abiertas, manos mitológicas de Eurídice resbalando al fondo de los infiernos. Mano de santo, mano de cartas, manojo de sabores agridulces y pajizos. Manías. Mano sabia que recorre un cuerpo. A mano armada. ¿Qué se traen entre manos los poetas, los artistas, los que administran la cultura pública? ¿Quién tiene mano?
   
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© 2007 María Rosal