Sábado, 18 de noviembre de 2017
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Mea culpa
 
Soy bastante insufrible, lo confieso.
   
Me importan pocas cosas y a menos me dedico.
   
Que jueguen con mi tiempo me molesta. O que
  alguien se aburra y destape a mi lado los
  rayos y los truenos de su desasosiego.
Odio que me convoquen a reuniones, que me lean
  la cartilla. O que esperen de mí -no sé-
  la luna.
   
Vivir conmigo puede ser difícil. Ya lo aviso.
   
Tampoco yo me aguanto muchos días...
   
En el trato a que jornal obliga suelo ser cumplido-
  ra, aunque padezco mal a las orugas. En
  la amistad, a veces me impaciento, pido o
  doy sin mesura.
En el amor, prefiero reservármelo por las reglas
  del juego contra la transparencia.
   
Defiendo a las mujeres aunque a algunas no
  puedo soportarlas. Con los hombres me
  entiendo de una manera práctica.
Conservo mis manías no tanto por carácter como
  por costumbre, quizás supervivencia.
   
Me gusta la rutina, madrugar, escribir en mi casa, 
  sin poses de poeta en las cafeterías.
Odio los sobresaltos, aunque hay días en que
  añoro tres gotas de locura en la solapa.
   
Como hace tiempo suscribiera un pacto de no
  agresión  con la neurosis puedo decir que 
  apenas si he sufrido daños colaterales en
  alguna estación propensa al extravío.
   
Para las paranoias uso métodos drásticos, todavía
  en proceso de experimentación.
   
Mi verdad se reparte:  
                           corazón y coraza,
una pizca sutil de pimienta y cinismo. Y poco más:
la carne, la piel, el sistema nervioso... Un algo de
esperanza, otro poco de olvido
 

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 Ver comentario de Alicia Molero.
 
© 2007 María Rosal